Los últimos dos meses de juego realmente hicieron que diera un paso atrás y tratara de reevaluar mi estrategia en las últimas etapas de los torneos. En el primer mes, estaba llegando a muchas mesas finales pero nunca lograba llevarme un gran premio.

Había logrado ubicarme en 5ta posición, y en muchos otros torneos entre 8ta y 10ma posición. El segundo mes fue uno de esos momentos en los que todo parece salir mal, tan mal que cada vez que jugaba esperaba perder. Durante estos dos meses, perdí dinero.

Suena bastante normal, ¿verdad? Todos experimentamos rachas como estas, especialmente como la segunda. Pero necesitaba una explicación de porqué por lo menos no habría conseguido no perder dinero, considerando la cantidad de mesas finales a las que había logrado llegar. Debería haber sido capaz de finalizar 3ro por lo menos un par de veces, y eso me habría ayudado a calmar la tormenta que estaba por llegar.

La explicación era, en realidad, que estaba jugando un mal póker durante las dos o tres mesas finales de estos torneos. Lo irónico es que estaba jugando el mismo estilo con el que había llegado hasta ahí consistentemente, y me estaba costando una oportunidad para poder lograr llevarme un premio significante.

Finalmente, terminaba poniendo todas mis fichas con la mejor mano y perdiendo contra un stack mucho más grande al comienzo de la mesa final. Pero esto se debía a que no era capaz de acumular fichas antes de llegar hasta allí.

Siempre escucho a la gente decir “Puse mi dinero con la mejor mano, es todo lo que puedo hacer”. Estoy de acuerdo con este comentario hasta cierto punto. Estoy de acuerdo con que, por supuesto, si pierdes con AA contra 44 cuando te encuentras segundo en la tabla de posiciones contra el jugador que se encuentra primero y quedas fuera del torneo, entonces no hay nada que puedas hacer al respecto excepto enojarte por unos minutos y luego continuar con el próximo torneo.

Cuando te encuentras en la posición 14 de 14 jugadores, terminas yendo con todas tus fichas con AJ, alguien te paga con A8 y terminas perdiendo, muchas veces habrá algo que podrías haber hecho, como por ejemplo podrías haber tratado de evitar encontrarte en esa situación. Por supuesto que pusiste todo tu stack pequeño con una mano dominante, pero eso no cambia el hecho de que en realidad tenías un stack pequeño para comenzar.

Así que, ¿qué podría haber hecho para evitar ser un jugador perdedor durante un período de dos meses? Ya que el segundo mes prácticamente no se podía evitar, necesitaba que me fuera lo suficientemente bien en el primer mes para contrarrestar las pérdidas. No debería haber sido demasiado difícil, considerando todas las oportunidades que tuve. Estaba logrando grandes lecturas, y por sobre todo, mis manos soportaban, lo que era la razón de porqué lograba llegar tan lejos en primer lugar.

Cuando el torneo llegó hasta el punto donde las ciegas y las antes eran porciones significantes de los stacks de cada uno, me congelaba y no estaba dispuesto a tomar los riesgos que podrían haber logrado que ganara el torneo (enfrentarme a otro stack grande, hacer un farol all-in, intentar atrapar con un par grande, etc.).

Era como si mi objetivo fuera simplemente llegar a la mesa final, y necesitaba jugar “seguro” hasta llegar allí, y sabía que esa no era la estrategia óptima desde cualquier punto de vista.

No iré más lejos tratando de discutir las estrategias específicas para jugar en estas etapas de un torneo, porque es un tema demasiado amplio para incluirlo en este artículo. De todas formas, ese no era el objetivo de este artículo. La idea es que si pierdes un torneo a causa de un bad beat o algo por el estilo, eso no significa necesariamente que hiciste todo lo que pudiste hacer y simplemente tuviste mala suerte.

No es una excusa para tu responsabilidad de perder oportunidades de acumular fichas, como por ejemplo tirar una mano que era favorita en un 55% porque no querías enfrentarte a uno de los stacks que te podía eliminar del torneo.

La solución es redefinir una buena jugada en tu mente como una que es tácticamente correcta, en vez de una que simplemente te ubique como para ganar la mano como favorito o perderla como no favorito (lo que supuestamente te permitirá decir “Hice todo lo que podía hacer”)

En vez de jugar con el temor de parecer un tonto cuando tus cartas se den vuelta, juega con la confianza de que tus cartas no se darán vuelta hasta que tú lo quieras. Tomas las oportunidades cuando tienes una buena lectura acerca de tu oponente y explota esas oportunidades lo más posible.

Cuando pierdes en un torneo, la primera persona a la que deberías observar es a ti mismo, sin importar de la forma en que perdiste, y preguntarte, “qué podría haber hecho mejor?”

¿Qué podría haber hecho mejor?
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