Seguro que muchas veces habéis oído referirse al Poker como un deporte. Normalmente, y por mucho que me pese, se debe a que a los jugadores/afiliados/salas les interesaría a lo bestia que el poker fuera catalogado como deporte más que al hecho objetivo de que tenga demasiado de deporte (en el fondo esto, como casi siempre, es lo de menos: los intereses están muy por encima de la realidad).

Sin embargo, y sin que siente precedente, creo que sí tiene puntos en común, más de los que pensaba hace unos años. Claro está que a la hora de clasificarlo habría que tirar de diccionario, y como actividad física tiene poco futuro, por mucho que pueda ser cansado estar horas jugando de forma continuado (esto pasa con todos los trabajos de oficina, y no creo que nadie se haya planteado convertirlos en deportes).

Sin embargo, sí que hay algo que separa al deportista de élite del resto. Y es la misma cosa que separa al jugador de poker de élite del resto. La fortaleza mental. En ambos casos hay algunas cosas adicionales, pero sin una fortaleza mental, dedicación y disciplina muy superiores a la media, es casi imposible tener éxito en cualquier deporte competitivo, o en el poker.

Esto se ve con facilidad en los deportes porque no perdonan. A pesar de que tienen varianza, en muchos de ellos un jugador que rinde por debajo del nivel que se le supone es algo que se “nota” bastante deprisa. Pensad en deportistas al máximo nivel cuyo rendimiento se vino abajo porque no tenían la actitud mental correcta (Ronaldinho o Guti son los primeros que se me pasan por la cabeza, pero estoy seguro de que hay cientos de ejemplos). Por otro lado, otros muchos deportistas de élite tienen en su cabeza su mayor “activo”. Gente disciplinada, que trabaja y no se deja llevar por el éxito. Hay muchísimos ejemplos de este tipo de deportistas. Simplemente, están dispuestos a sacrificar más y van a tomar mejores decisiones a lo largo de su carrera deportiva, lo que los posiciona mejor para convertirse en profesionales de élite. Y está claro que después hay siempre una parte innata. Pero simplemente, los que no tienen la capacidad mental adecuada y el enfoque psicológico correcto no la desarrollan tanto como deberían.

En el Poker sucede exactamente lo mismo. La fortaleza mental, la disciplina y la voluntad de mejora y capacidad de sacrificio son factores que distinguen a un jugador con talento y poco éxito a un auténtico profesional. La cuestión es que en el poker, igual (aunque en menor medida) que en el deporte, ser un buen profesional no implica tener el reconocimiento medíatico correspondiente. Del mismo modo, jugadores y deportistas han sido encumbrados incontables veces solo por que su imagen producía mucho más valor que su actividad “deportiva”.

Esto sucede más en el poker que en el deporte profesional porque éste tiene mucha más varianza. Por más que Nike intentara vernder zapatillas de tenis usando mi nombre, sospecho que el hecho de perder todos los partidos sin ganar un solo punto haría que la mayoría del público perdiese bastante interés en mi imagen.

En poker esto puede suceder porque, salvo que se sea un completo fish masivo (y esto es bastante fácil de evitar) cualquier jugador puede “parecer” bueno. Hay tanta varianza en los resultados, especialmente en los del juego en vivo, que para el público distinguir a un jugador competente de uno que no lo es es simplemente imposible. Esto, en realidad, ha sido buenísimo para el mercado del poker ya que las grandes figuras se han seleccionado solo por su imagen, abriendo más y más deprisa el mercado.

Pero no nos equivoquemos. Esto también sucede en otros deportes, aunque como he dicho a una escala menor. Es obvio que un deportista tiene que ser competitivo (¡especialmente si compite en un deporte individual!), pero no tiene porque ser el mejor para que se le venda como tal. Importa la imagen, y la habilidad del deportista para que ésta se venda.

Y no nos equivoquemos: en el deporte hay varianza. Y mucha. Si no, los apostadores profesionales y las casas de apuestas serían millonarías (bueno, quiero decir, más millonarias de lo que ya son). En realidad, mejor pensado, no lo serían ya que nadie apostaría. De hecho, las ligas no tendrían ninguna emoción. Por suerte para la gente a la que le gusta el deporte, hay varianza. Por suerte para ellos, esta no es tan grande como para que el ganador acabe siendo “arbitrario” la mayoría de las veces.

Con todo, tanto en el poker como en el deporte hay que saber sobreponerse a las malas rachas y ser fuerte psicológicamente para estar entre la élite. Ésta debe ser la similitud más importante. Las características innatas que hacen falta cambian según el deporte (no veo a Gasol siendo un magnifico nadador o a Nadal jugando a baloncesto en la NBA), y lo mismo sucede con el poker. La diferencia fundamental es que de las características que necesita un deportista de élite, las físicas tienen una importancia muy predominante, mientras que para un jugador de poker son las mentales. Pero al final no deja de ser una lucha de talentos, y el que más ha trabajado el suyo tiene una gran ventaja.

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Bernardo Domingues

Editor Periodístico PokerChile.

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