Muchas veces se critica a los jugadores de poker que su profesión no aporta nada útil a la sociedad, al contrario que otras muchas ocupaciones: un médico cura a la gente, un agricultor proporciona alimento, un carpintero fabrica muebles, un maestro enseña a los alumnos, un banquero roba a todos para prestárselo de nuevo a un buen interés, un político miente a todos para robarles su voto y hacer leyes a favor de los banqueros que le hacen rico… En estas líneas, voy a tratar de cambiar esa perspectiva negativa sobre el jugador de poker y mostrar cómo la afirmación inicial no es ni mucho menos exacta, especialmente en tiempos de crisis como los que estamos viviendo.


Un argumento bastante obvio es que, en las épocas en las que la economía no funciona tan bien y muchas empresas quiebran, el consumo es muy importante para que no bajen las ventas. Con menos consumo se cierren las fábricas y hay que despedir a mucha gente (que tampoco podrá consumir, multiplicando el problema). Pues bien, tanto el jugador ocasional como el pro, superan el consumo de una persona promedio. Sin duda, que la crisis no haya llegado al mundo del juego (al menos no como en el resto) ayuda a esta situación.

El jugador que usa el poker como un hobby para poder tener para sus gastos, emplea ese dinero normalmente en artículos que si no jugara, no compraría. Muchas veces, son caprichos que la gente que ha visto mermados sus recursos no se puede permitir. Lo mismo ocurre con los profesionales online pero a una escala mayor. No solo porque suelen ganar bastante dinero, sino porque les suelen atraer también los aparatos electrónicos (y no solo los necesarios para llevar a cabo su labor diaria) y demás artilugios que suponen mano de obra especializada. Por no hablar de los ratones, teclados, pantallas, etc. que tienen que reemplazarse debidos a gajes del oficio, también conocidos como “runner runner” o “bad beats”.

Un fenómeno que se da con frecuencia es el de relativizar el valor del dinero. No es raro oír a los jugadores de niveles altos (incluso de los medios), antes de comprar una cosa, una frase del estilo: “bah, si esto no vale ni tres ciegas” o “lo que cuesta esto lo gano en diez minutos en las mesas”. Esta actitud tiene sus ventajas e inconvenientes, pero está claro que, para activar el consumo, es la ideal. Lo que está claro es que cuanto más se tiene, más se gasta (y más se quiere).

Además, los jugadores online contribuyen al ahorro de combustible, ya que al tener la mayoría su oficina en su propia casa, no tienen que desplazarse. Esto es especialmente importante en países sin recursos energéticos propios. Y no solo la economía nacional, el medio ambiente también se ve beneficiado al no generar contaminación extra. Además, quien pierde el dinero normalmente son los malos jugadores, los menos inteligentes, los menos preparados o los que juegan como si fuera la ruleta. Si el ganador extiende su gestión de banca y toma de decisiones con esperanza positiva al resto de su vida, empleará seguramente el dinero mejor que lo hubieran hecho sus antiguos dueños (sobre todo si su destino era una máquina tragamonedas).

Aunque parezca un disparate, al Estado le interesaría formar y disponer en sus territorios a buenos jugadores de poker online. La razón es sencilla: la mayor parte de las ganancias se obtienen de jugadores de otras nacionalidades. Cuanto mejores sean los jugadores de un país, más probable será que quiten dinero de otros países y lo inviertan en el suyo propio. La economía mejora sin ningún tipo de contraprestación, incluso recaudando impuestos sobre esas ganancias.

Pero no sólo los jugadores online son beneficiosos para la economía. Los jugadores en vivo, especialmente aquéllos que participan en los distintos torneos que se disputan en varias ciudades del país, contribuyen de forma sustancial en las economías locales de estos lugares: hoteles, restaurantes, pubs, discoteques y demás opciones de ocio, que ven aumentadas sus arcas tras el paso de un evento de estas características.

También los negocios paralelos al poker son una fuente de ingresos para la economía, que además aportan puestos de trabajo calificados. Nuevas salas, páginas web, software de ayuda, escuelas de poker, etc. Incluso, como hemos visto anteriormente, también la organización de eventos influye tanto directa (personal del casino, croupieres, etc.) como indirectamente a este aumento de la necesidad de mano de obra.

Resumiendo, los jugadores de poker, a pesar de la crisis, como sus puestos de trabajo no corren peligro o continúan sacándose un sobresueldo, siguen consumiendo al mismo ritmo elevado que lo hacían anteriormente, con todo lo que ello significa para la economía, consiguen traer capitales de otros países, declaran impuestos sobre esas ganancias e inyectan dinero a las ciudades donde se organizan los torneos. En definitiva, no somos tan nocivos para la sociedad como muchos nos quieren hacer creer, más bien todo lo contrario ¿no les parece?

Fuente: Poquer-Red (Spainfull)