Daniel Negreanu quiso sacarle el máximo provecho a una gran mano, pero su ambición y slowplay terminó jugándole en contra.

Muchos jugadores recomiendan evitar el slowplay a menos que se tenga total seguridad de tener la mano ganada, ya que, de lo contrario, pueden ocurrir como lo que le pasó a Daniel Negreanu en la siguiente jugada.

El canadiense tenía A-A y, luego de un raise no muy agresivo, quedo mano a mano con Marco Ruggeri, quien contaba con Q-10 unsuited y pocas posibilidades ante dicho panorama.

Esto aumentó con el flop, donde apareció un nuevo A, pero Negreanu, en lugar de ser agresivo, terminó optando por el slowplay el que, a la larga, le terminó costando muy caro.