Jugador, organizador y apasionado por el juego, el Turko repasa sus comienzos en Puerto Varas, los títulos que marcaron su camino y el nacimiento de Turkish Home Games. Con más de dos décadas de experiencia, comparte una mirada sobre el circuito chileno y los cambios que considera necesarios para hacerlo crecer.
Cuando Elías “Turko” Juré recuerda sus primeras mesas en Puerto Varas, vuelve al entusiasmo de descubrir una disciplina en el que podía ganar con sus decisiones, leer al rival y animarse a un bluff. Más de veinte años después, esa pasión sigue presente cada vez que habla de póker.
Con el tiempo, esa pasión también lo llevó a organizar. Durante la pandemia creó Turkish Home Games para reunir a quienes se habían quedado sin un espacio donde jugar poker deportivo. Convocar amigos, sostener la confianza y abrir caminos a través de clasificatorios se convirtió en otra forma de estar presente. Así, a su trayectoria como jugador se sumó la de un trabajador del póker en Chile, atento a lo que hace falta para que una comunidad se mantenga activa.
Juré celebra la competencia entre compatriotas, valora la atención que recibe un jugador cuando viaja y cuestiona los costos y la falta de oportunidades que dificultan participar. En esta conversación, el Turko recorre su historia y habla del futuro con la misma inquietud que lo acercó a aquella primera mesa: las ganas de seguir jugando y de que más personas puedan hacerlo.
—Turko, llevame a la primera mesa de póker que recuerdes: ¿dónde estabas, con quién jugabas y qué te atrapó?
Fue por ahí por el 2001, en el casino de Puerto Varas. Estábamos entre amigos que generalmente nos juntábamos a jugar en el VIP y nos enseñaron la modalidad Texas.
Las reglas eran muy distintas. Si no tenías para cubrir la ciega mayor, quedabas eliminado; no podías jugarte tu resto. Eran bien raras esas primeras mesas en comparación con lo que se ve hoy.
A quienes íbamos al casino todos los fines de semana nos gustó mucho porque podías jugar durante bastante rato con menos plata. Pero lo que más me atrapó fue que también podías bluffear a tu adversario y obtener réditos. Tu rival era otro jugador, en lugar de la banca del casino. Eso fue lo interesante de una modalidad que hasta ese momento no conocíamos.
—¿Qué pasó después para que quisieras seguir jugando?
Al mes siguiente se hizo un torneo importante. El buy-in era de ciento cincuenta mil pesos, con recompras ilimitadas y un add-on de doscientos veinticinco mil. Había un cupo máximo de ciento cincuenta jugadores.
Yo no iba a participar porque tenía que trabajar el sábado y tenía facturas y cheques que pagar. Después de cumplir con todo, vi que me sobraban unos trescientos mil pesos y decidí jugar. Llamé a la encargada y me dijo que quedaba un solo cupo. Le pedí que me lo reservara.
Jugué sin saber mucho, como lo hacía en las mesas. Pagaba all-ins con dama-diez, as-seis o parejas chicas, sin entender bien lo que estaba enfrentando. No sabía lo que era un flip.
Salí segundo y gané ocho millones trescientos mil pesos. Eso sí me atrapó. Vi que por ciento cincuenta lucas me había llevado una bomba de plata y dije: “Ya, esta va a ser la nueva entretención”.
—En 2011 ganaste la fecha final del Chile Poker Tour. ¿Quién era el Elías que llegó a jugar ese torneo?
Ya era un jugador un poquito más agresivo y respetado en el medio. Venía ganando rankings, tenía mis trofeos, mis medallas y había ganado ocho express durante el año, además de varios clasificatorios para los torneos grandes.
Ganar el ranking me daba derecho a participar de esa final. La entrada costaba trescientos mil pesos y terminé quedándome con el título.
Fue una mesa final difícil. Había jugadores que se conocían y se cuidaban entre ellos. Con Luis Lepori, de Punta Arenas, estábamos cada uno luchando por su cuenta y logramos llegar los dos al heads-up. Fue bien entretenido: se lo terminé dando vuelta y me quedé con el torneo.
En ese momento ya me conocían por mi agresividad en las mesas. No tenía miedo: si tú me subías, yo te resubía y me la jugaba preflop. Estaba corriendo bien y ya sabía jugar.
—En el High Roller de Bariloche, el podio fue completamente chileno. ¿Cómo se vive competir por un título contra compatriotas con quienes compartís el circuito en otro país?
Fue muy bueno. El three-handed fue con Rody Peña y Christopher Arismendi. Lo que me gustó fue la transparencia de esa mesa. Aunque ellos habían viajado juntos y estaban alojando en la misma habitación, se respetó lo deportivo. Eso fue bonito.
Tener a tres chilenos ahí, en tierras trasandinas, fue espectacular.
Además, para mí fue una revancha. El año anterior había ido exclusivamente a jugar el Main Event y el High Roller: salí sexto en el Main y cuarto en el High Roller, donde me eliminó Rody Peña. Al año siguiente volvimos a encontrarnos en el heads-up y esa vez pude ganarlo yo.
Fue un torneo muy lindo, con una estructura espectacular. La atención en Bariloche es la mejor que he tenido en los circuitos que jugué. Por la estructura, la atención y el profesionalismo de los crupieres, mi experiencia fue mejor que en Brasil, Estados Unidos o Chile.
Entre aquel título de 2011 y Bariloche 2024 hay más de una década. ¿Qué parte de ese recorrido no aparece en las noticias?
Hubo un tiempo en el que me alejé un poquito de los torneos porque estaba trabajando con mi papá en un restaurante y eso me demandaba muchas horas. Para lo único que me alcanzaba era para ir a jugar a Osorno.
Ahí gané varios torneos chicos, de cien mil pesos de entrada, con premios de un millón y medio o dos millones para el primer lugar. Tuve varios cobros.
En Puerto Varas casi no se hacía nada y eso fue desmotivando a la gente. Hubo una merma importante de jugadores. Tampoco teníamos tanta información sobre las opciones para salir a jugar al extranjero. Bariloche todavía no era tan conocido para nosotros como destino de póker, así que no había mucho que recorrer.
¿Qué necesidad viste para decidirte a organizar Turkish Home Games?
Partió en la pandemia. Había muchos jugadores a los que les gustaba participar, estábamos en casa, con restricciones para salir y todos los casinos cerrados. Pensé: “Qué mejor que organizar algo online”.
Empecé a llamar a mis amigos. Tengo una buena reputación entre los jugadores: saben que los premios se pagan y que no le debo plata a nadie de torneos. Ese respeto y esa credibilidad hicieron que lográramos tener el home games más grande de Chile.
Después fueron apareciendo otros y los jugadores empezaron a repartir su actividad entre dos o tres homes. Todos tienen derecho a organizar y han surgido otros que también tuvieron éxito.
Para mí es importante cuidar el espacio. Si alguien se porta mal o trata de timarme, no lo vuelvo a aceptar. En ese sentido soy intransigente.
Todo nació porque no había dónde jugar y teníamos la necesidad de entretenernos y pasar el ocio. ¿Y qué mejor que jugando torneos?
Desde tu experiencia en el sur, ¿qué necesita hoy un jugador para poder sostenerse en el circuito?
Tiene que haber una motivación por parte de los organizadores.
Para quienes estamos en el sur, todo queda lejísimos. Sin embargo, hay gente de Punta Arenas que ha preferido ir hasta el norte antes que jugar en plazas más cercanas.
También destaco el trabajo de Enjoy. Tienen a una persona a la que le gusta el póker y llevar gente, Vladimir Tapia, con un equipo detrás que lo respalda. Eso es importantísimo.
En Dreams se echa de menos esa preocupación por contactar a los jugadores. Don Edgardo te llamaba, te escribía, te mandaba mensajes y correos durante la semana. Hoy falta alguien que tome esa batuta. Hay torneos de los que uno se entera apenas dos o tres días antes.
¿Cuál es el obstáculo que menos se ve desde afuera?
Lo largo que es nuestro país. Para jugar un torneo o una serie tienes que dedicar cuatro o cinco días entre el viaje y la participación.
Cada uno tiene sus cosas en su ciudad: trabajo, permisos que pedir, familia. La distancia es lo que más priva a un jugador de participar de manera constante.
Desde mi punto de vista, el buy-in no es el principal problema. Lo que pesa es todo lo que implica trasladarse.
Si pudieras pedir un cambio concreto a los organizadores, ¿cuál sería?
Las tarifas hoteleras encarecen mucho un viaje. Si un torneo tiene un buy-in de cuatrocientos mil pesos y tienes que sumar dos noches de hotel, pasajes o traslados y comida, puedes necesitar un millón de pesos para ir.
Una muy buena forma de llevar jugadores es hacer más clasificatorios. Si ganas una inscripción invirtiendo cien mil pesos, en lugar de pagar cuatrocientos mil, esos trescientos mil que ahorras los puedes usar para viajar, alojarte o comer.
Faltan más primeros pasos durante la semana y clasificatorios los fines de semana. Se podrían hacer sit and go miércoles y jueves, y clasificatorios viernes y sábado. Creo que tendría una concurrencia tremenda.
Hace falta una persona que esté metida en el póker y trabaje en eso. Habría una transformación positiva y llegaría mucha más gente a los Main Events.
En una entrevista anterior describiste al póker chileno como “cabizbajo”. ¿Hoy seguís pensando lo mismo?
Sí, sigue cabizbajo. Para mí.
En lo que me toca más de cerca, que es Dreams, veo plazas que podrían reunir setenta u ochenta jugadores y están recibiendo alrededor de cuarenta. En Punta Arenas también es importante la presencia de los argentinos de Río Gallegos.
Eso tiene que ver con el costo de trasladarse y alojarse. Mientras no se haga algo para mejorar esas condiciones, veo difícil que la situación cambie.
Desde tu experiencia con Turkish Home Games, ¿qué papel cumplen las comunidades y los clasificatorios para acercar jugadores al circuito? ¿Qué les pedirías a los organizadores para que el póker chileno crezca?
Los clasificatorios son importantísimos. Yo organizo un High Roller cada cuarenta y cinco días y logro reunir treinta o cuarenta jugadores porque hago clasificatorios todas las semanas.
Tengo freerolls todos los días: el freeroll te clasifica al quali y el quali te clasifica al High Roller. Para el próximo ya tengo quince jugadores clasificados y espero un field de más de treinta, con una entrada de ciento ochenta mil pesos.
También tengo un millón y medio garantizado para el primer lugar. Los garantizados motivan a la gente.
Les pediría a los organizadores que hagan más primeros pasos durante la semana y clasificatorios los fines de semana. Eso acerca jugadores al casino y puede hacer más atractivos sus torneos.
Si veo un torneo con cuarenta jugadores, quizás no me motiva viajar. En cambio, si voy a uno con noventa o cien, claro que me dan ganas de participar.

